02/14/2009
La última semana de enero 09 ha sido un paréntesis de calma en Madeira. La Casa do Calhao Grande nos gustó en cuanto vimos la página, y hemos acertado. El dueño ha reconstruido las casas en piedra con mimo, con muebles nuevos revestidos de antiguos, conservando la identidad del lugar. La sensación es acogedora, y hay todo lo necesario: cocina, vajilla, una buena ducha y una cama firme. El jardín es precioso, lleno de rincones de rocas y agua, las casitas están en escalera, son como un balcón sobre el mar, cada una con su jardín-huerto. Durante el día solo se oye algún coche, el altavoz de algún vendedor, una cabra, ladrar algún perro, pájaros... Por la noche hay un silencio absoluto. A cinco minutos a pie hay una tienda con lo básico y a cinco minutos de coche una pizzería. Y recorriendo el jardín, siempre se encuentra alguna chirimoya o guayaba al alcance de la mano. ¿Qué más se puede pedir?